El marketing está en todos lados. Más o menos profesional, pero está. En los carritos de la costanera porteña, por ejemplo. Un medio día hambriento decidí parar por allí, a pesar de su mala prensa. Mientras esperaba que me preparara un sándwich de lomito, el parrillero me advirtió que no era lomito, sino cuadril. Su sinceridad me sorprendió tanto, que decidí preguntarle por qué tenía grasa quemándose en la parrilla. “Marketing –me respondió- la grasa hace humo y tira un olor rico y si la gente no ve el humo, no para”. Fue entonces cuando me di cuenta que todos, absolutamente todos los carritos, despedían largas cortinas de humo.El parrillero, además me tiró un par de datos interesante sobre cómo cambió el consumo en los carritos de la Costanera. Hace unos años, el chorizan era el rey. Hoy no se vende tanto. Su lugar fue ocupado por la bondiola. “Si no tenés bondiola, no trabajás”, me dijo.






Medina, mi almacenero de confianza, me recibió enojado porque La Serenísima le aumentó los precios justo cuando relanzó su campaña Solidarísimos. La marca de Mastellone asegura que cada vez que compra un producto de ellos, “estaremos donando un centavo para el programa”. Lo cierto es que Medina entendía que era la compañía la que donaba, no los consumidores, “ni nosotros los almaceneros: suben la leche dos centavos y ahora con el redondeo perdemos nosotros, ellos no", me dijo.
